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La Suprema Corte de Justicia de la Nación está por echar abajo la reforma que en Puebla aprobó la mayoría priista para establecer nuevas condiciones de competencia entre partidos políticos, candidatos y grupos que pretenden ampliar márgenes de capacidad y maniobra en el próximo sexenio.
Al menos así lo establecieron tres diversas fuentes de información, habitualmente bien documentadas sobre el tema y cuyo ámbito de acción está en el Congreso del Estado, el Instituto Electoral y la Sociedad Civil.
La decisión está en manos del máximo circuito jurisdiccional en el país a petición de la oposición política al PRI en el estado: el Partido Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática. Un artículo transitorio en la nueva ley es el que ha motivado tales acciones jurídicas.
Se trata de la fecha para realizar la elección en 2010. Quienes se oponen a la enmienda priista argumentan la falta de apego al espíritu de la reforma electoral federal que pretende establecer un calendario concurrente en toda la República. Elegir autoridades de los niveles de inspectoría, junta auxiliar, alcaldes, diputados locales y federales, senadores, gobernadores y presidente en una sola fecha.
En círculos de poder locales hay una fundada razón para llevar el proceso comicial hasta noviembre del próximo año: Si le fecha en que los poblanos vayan a las urnas se efectúa en julio de 2010, la entidad poblana tendría dos gobernadores durante seis meses y en el tríptico lenguaje de la clase política, significa restar autoridad al mandatario en turno.
Si las distintas versiones expresadas por especialistas en derecho tienen fundamento y la Corte falla contra ese artículo transitorio inspirado por el grupo parlamentario del PRI, estaremos ante un reacomodo de fuerzas políticas en el territorio poblano a contrarreloj.
En el tablero hay diputados locales que en estos momentos acarician la idea de ser postulados para una presidencia municipal, secretarios de estado que también aspiran a un cargo de elección popular, regidores que forman parte de proyectos políticos que buscan ganar preeminencia política.
Se trata de la antítesis de aquel viejo adagio que un vetusto líder obrero escribió con letras de oro en el lenguaje popular de la clase política priista: “el que se mueve no sale en la foto”.
Una vez conocidos los resultados de la elección del 5 de julio, todos los actores comenzarán a protagonizar una movilización pocas veces vista, echarán mano de todo tipo de recursos para descarrilar o alentar carreras políticas, los medios tendrán materia de trabajo y los ciudadanos para la charla de café.
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