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El ex presidente municipal de Puebla, Enrique Doger Guerrero ha iniciado un activismo excepcional desde los medios de comunicación de la capital. Demuestra con ello que en la anticipada campaña por la candidatura al gobierno del estado está resuelto a jugarse el todo por el todo.
Se sabe libre de las ataduras que impone la reforma electoral, cuyo afán fue modificar esquemas permisibles para que los hombres del poder se auto promovieran ostensiblemente.
Desde el Instituto Nacional para el Desarrollo Municipal y la Alfabetización (Indema) busca ser un factor de opinión en medio de una vorágine mediática que se suele comprar como buena la opinión y el adjetivo, más que el argumento y el juicio responsable.
La agenda de Enrique Doger para esta semana estará ocupada primordialmente por los medios. La ronda de entrevistas con reporteros de la fuente política inició este domingo. Habló del diplomado sobre Gobernabilidad y gerencia política promovido desde el Indema, pero el fin último y evidente, fue subirse al tema coyuntural: la seguridad pública.
Militante aún del Partido Revolucionario Institucional, rompe con una regla no escrita del sistema que lo prohijó cuando decidió salir de esa burbuja que supone la rectoría universitaria para convertirse en candidato a la alcaldía de Puebla: privilegiar el silencio y la prudencia para que los equilibrios en el interior del priismo pongan a cada quien en su sitio.
Fuerza factores en un espectro que con cierta sabiduría dicta que no siempre dos mas dos suman cuatro. El despliegue mediática para abonar el terreno de la opinión es siempre un pantanoso espacio en el que el con frecuencia se resbala y se tropieza, más aun si en el pasado inmediato hubo cargos públicos con desempeños discutibles.
Enrique Doger puede ser un extraordinario promotor de sí mismo en la agenda mediática por que la memoria ciudadana suele ser infiel y febril. Pero las palabras suelen hacernos prisioneros de sí mismos.
Cuando el ex presidente municipal anunció la creación de su Instituto Nacional para el Desarrollo Municipal y la Alfabetización, apenas en marzo pasado, ya sin tener que cuidar los formalismos que el cargo público imponía, acusó a quienes forman parte de esos “liderazgos mediáticos y temporales”.
¿Es ahora acaso el propio Doger objeto de la diatriba del Doger de entonces? ¿Qué lo pone a salvo de la ironía expresada hace dos meses? ¿La independencia de criterio expresada ya sin cargos ni presupuestos, es coherente con el nuevo tiempo? En suma: ¿Quién le cree a Doger?.
Seguramente con el paso del tiempo lo sabremos.
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